El argentino-uruguayo Elvio Gandolfo se entusiasma cuando escucha "policial" del otro lado del teléfono. Para un lector compulsivo como él, siempre atento a este género maltratado, no pasa desapercibida esta primavera del policial que editoriales grandes y pequeñas supieron captar y/o promover. "Hay una moda fuerte del policial europeo. No sólo de Camilieri o Montalbán, a partir de Mankell vino un aluvión de policiales nórdicos. Hay autores con construcciones complejas y es raro, porque había mucho refrito del Código Da Vinci y cosas así. El género volvió con fuerza, pero integrándose en las colecciones normales", sentencia desde Montevideo.
Pero Gandolfo también es parte de esta nueva oleada de policiales. Junto a su compatriota Gabriel Sosa, plasmó El doble Berni, la historia del inolvidable y aletargado Jorge Lucantis, que investiga la muerte de su amigo pintor, un presunto falsificador de Antonio Berni.
−¿Cómo fue la experiencia de escribir en colaboración con otro autor?
− Solo no hubiera podido. Había hecho tres o cuatro intentos anteriores de escribir a cuatro manos y no había andado. Esta vez creo que funcionó en parte porque en el género, como en la ciencia ficción o el terror, tenés reglas claras. Si lo hubiera escrito solo, por ahí se me iba a la m...por lo literario.
−¿Dividieron el trabajo metódicamente?
− Fue muy aleatorio. No hubo un esquema de un capítulo cada uno. Y pasó algo muy raro, como hicimos todo a mil, yo, por ejemplo, lo reté por una cosa que era de un capítulo mío y él también a mí por otro que era suyo. Ojalá se de la misma amalgama en la segunda novela.
−¿Será una continuación?
−Vamos a seguir la continuidad biográfica del personaje. Ocurriría unos años después que el Doble Berni, el tipo va de casualidad a una especie de coloquio y se hace amigo de un loco medio gigante, no tenemos bien armado el enigma, se iba a llamar Los muertos de la arena. Iba a transcurrir en un balneario, pero el balneario te achica. En cambio, la Patagonia tiene eso de desmesura.
−¿"El doble Berni" tiene un final bastante abierto, no lo retomarán a partir de ahí?
− Ese último párrafo es más bien un acto de prestidigitación que obliga a releer la novela. La novela, en general, retoma todo el tema de los plagios que en Argentina hubo un montón en los últimos años. Como el caso de Sergio Di Nucci y el posterior intento de la academia por tratar de salvarlo. Fue como decir nosotros somos más truchos que los que plagian.
Coloquial y erudito, Gandolfo habla sin pelos en la lengua. Él, al igual que su entrañable protagonista, sufre las bajezas del sistema, del mercado editorial en su caso.
"Lucantis es un tipo con una situación económica confusa. No tiene una idea de investigador, pero notás que no es ningún boludo. Aunque hay un inspector que lo aprovecha sin decirle nada. Es un reflejo del laburo editorial. El que mejor labura no es el que mejor cobra. A veces el más papanatas dirige una colección", lanza y cuenta que a nadie más que a su amigo, el "rigurosísimo", Marcial Santos, le molestan tanto los inmerecidos ascensos.
Contra el cliché regional
"Le dijimos a Juan Sasturain -el director de Negro Absoluto- que lo que no queríamos hacer con Sosa es policial latinoamericano con una mujer esplendorosa que va a ver a un detective que es un fracaso absoluto, y donde siempre los culpables son los ricos", avisa Gandolfo que en más de una oportunidad contrapuso y celebró cuentos de Eduardo Mignogna y la más joven pero ya no promisoria, sino bien vigente, Samantha Schweblin.
−¿Qué autores del género lo fueron formando?
− Leí bastante a una serie increíble de maestros norteamericanos que salían en la revista Blackmask. Ahí tenías a Chandler, Hammet, en una primera tanda, David Goodis, Jim Thopmson. Ninguno de ellos baja de ser un escritor genial. Incluso Charles Williams, que es un tipo menos citado, pero era impresionante, porque había 25 tipos interesantísmos laburando en un género al que nadie le daba bola.
−¿Y ahora cuáles son los que más le interesan?
Mankell me interesa mucho, es muy constructor de tramas. Maneja muy bien como labura la cana sueca, muy distinta a la yanqui, a la francesa y sobre todo a la porteña.
Y el último libro de Michael Chabon, El sindicato de policías Yddish. Igual que en Chandler, lo último que te importa es el enigma, lo importante es el entorno.